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30/01/2017

TRUMP vs LA CORDURA

Por: Félix Puga

Bien decía Mark Twain que cuando nos encontremos del lado de las mayorías, es momento de pausar y reflexionar. Esto fue precisamente lo que le hizo falta a la sociedad de Estados Unidos, luego del sorpresivo triunfo de Donald J. Trump en las elecciones presidenciales de noviembre de 2016.

Si bien un simple análisis arrojaría un impulso colectivo de tener un gobernante cuya más ubicua característica ha sido el desprecio por las instituciones políticas tradicionales, pese a su evidente egocentrismo populista, una más profunda introspección quizás los hubiere dirigido a un verdadero enemigo común: la veneración y servilismo de los medios de comunicación tradicionales en alianza con los servicios de inteligencia americanos y su histórica clandestinidad.

Es fácil entender que para los demócratas, la traumática derrota de noviembre aunada al sistemático colapso de su partido desde el 2008, los ha llevado a radicalizarse al punto de alinearse con cualquier tipo de villano amoral que les permita acercarse al protagonismo que necesitan como baluarte y cabeza de oposición al vilificado Trump.

Lo francamente preocupante es que los medios estadounidense, quienes el año pasado llegaron a niveles de parcialización y despliegues descarados y poco éticos de apoyo incondicional a la ex candidata Hillary Clinton nunca antes vistos, continúen inclusive post mortem, funcionando como meros instrumentos de propagación de información falsa y divorciada del rigor periodístico, bajo el escuálido paraguas conceptual de que dicha información viene de la CIA, mismo organismo quien en 2004 pregonaba a los 4 vientos sobre los peligros de la existencia de armas de destrucción masiva en Iraq y que a la postre fueron suficiente para sustentar aquella invasión tan destructiva como ilegítima.

Ciertamente, los peligros dentro de la presidencia de un sujeto megalómano, narcisista y patológicamente mentiroso como Trump son numerosos y manifiestos. Existen variadas tácticas efectivas y legítimas para combatir dichos peligros como coaliciones bipartitas en los congresos o batallas legales constitucionales que han probado ser defensas prácticas ante figuras autoritarias.

Sin embargo esto de ninguna manera debe ser considerado un ataque a la legitimidad del triunfo de Trump. Actuar como una colección de animadoras de secundaria detrás de la CIA y sus oscuros aliados en sus intentonas subversivas a los resultados electorales buscando imponer su propia política, es autodestructivo y empodera a la misma entidad que ha producido vergonzosas atrocidades y engaño sistemático a través de las ultimas 6 décadas.

La CIA había apoyado a Hillary Clinton con una claridad sin precedentes durante toda la campaña de la excandidata demócrata. Los patrocinios de exdirectores de la entidad iban desde de artículos publicitarios en el Washington Post hasta declaraciones que Trump era un tonto útil de Putin.

Mientras Clinton apoyo la guerra clandestina de la central de inteligencia en Siria, Trump la denunció. Trump también ha sido muy crítico de las beligerantes relaciones de la Ex secretaria de Estado con la Rusia de Putin.

Pero los servicios de inteligencia rebasaron el umbral de la irreverencia institucional con el episodio del supuesto informe de inteligencia que terminó de enterrar a la cadena CNN en el panteón de los medios de comunicación que otrora fueron respetados.

El supuesto informe resultó ser un fiasco, basado en comentarios no verificables de supuestas fuentes de ex agentes rusos que a su vez recopilaron la información de otras fuentes que no fueron presenciales. El mismo Trump era acusado básicamente de ser un doble agente de Rusia al estar siendo extorsionado luego de ser grabado en actos comprometedores.

Las información era amarillista, escandalosa y de cierta manera el tipo de historia diseñada para perjudicar la imagen personal de un individuo. Lo que terminó haciendo fue el favor que necesitaba Trump para validar su narrativa de conflagración de medios unidos para desacreditarlo en su lucha contra los enemigos de los Estados Unidos. Cuando llegue el momento de exponer los conflictos de interés de Trump, ¿con qué moral podrán medios como CNN cuestionarlo luego del ridículo mundial que hicieron en este episodio?

La verdadera traición está en los medios de comunicación prestándole veracidad a aseveraciones anónimas libres de evidencia sustantiva y venerándolas como verdad cuando vienen de los mismos precintos creados y diseñados para crear propaganda y mentir. En Latinoamérica los conocemos.

El autor es miembro de la Fundación Libertad


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