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09/01/2012

La revolución intelectual

Por: Christopher Caballero

Como panameño he podido percibir que una de las cosas más llamativas en los últimos tiempos es el desinterés por parte de los jóvenes en temas que de una u otra forma afectan su vida relevantemente, actualidad política, leyes y decretos, política monetaria  es decir el rumbo que está tomando el país.  Cada día es más y más común leer la referencia como “los llamados a hacer el cambio en nuestro futuro”, de estos se espera una incursión determinante en la sociedad, un cambio de mentalidad al sistema entre muchas otras cosas, pero ¿Cómo se puede catalogar de esta manera a una generación que ha optado por desinteresarse del tema?

Debido a las malas impresiones dejadas por los gobiernos que hemos tenido en Panamá, como el mal manejo del estado o la incesante corrupción, esa profunda cicatriz ha dejado como consecuencia  una tendencia cada vez más común, los jóvenes han adoptado como propia la popular frase “para que hacerlo, si el gobierno siempre hará lo que le de la gana” o “no hay nada que pueda hacer, es por gusto”.  Lo que no termino de entender es que la mayoría no ha logrado comprender el gran poder del cambio que tienen en sus manos o el impacto que su aporte pueda tener en la sociedad. Hay mucho que hacer, toneladas de errores que corregir, muchos ejemplos que tomar y pensamientos que redirigir, ¿cómo podemos decir que no hay nada que hacer? Nuestra batalla por hacer escuchar nuestros ideales apenas empieza.

Muchos jóvenes tienen su mente ocupada por  tales pensamientos de apatía, sin tener la más mínima idea del gran daño que se hacen a ellos mismo y a la sociedad al no interesarle participar en el rumbo que está tomando su futuro. Medidas dañinas para su economía, políticas de estado ignorantes, limitaciones a la libertad, gastos públicos desmedidos entre otros, nos afectan a todos y cada uno de los ciudadanos de este país, es por esto que debería ser de interés colectivo. Los jóvenes envueltos en sus partidos políticos han sido embaucados de manera que rinden tributo a sus líderes sin siquiera saber hacia dónde se dirigen, atraídos por la oferta del político que mas objetos regale o que tenga el mejor “jingle” de reggaetón, mas no por sus ideales. Esto mismo se nota en las manifestaciones de colegios nacionales donde la mayoría simplemente no están ahí por sus ideales sino por mera diversión.

El filósofo y escritor norteamericano Allan David Bloom, atribuye este problema a la falta de ideales infundidos en los centros educativos. En las últimas décadas, las universidades y centros de educación superior han impartido clases pero solo trasladando la información de un papel al cerebro de los estudiantes, sin un rumbo determinado, sin mostrar un horizonte de referencia, sin norte alguno.  Es necesario que en las universidades se transmita una referencia, un ideal hacia donde nos estamos dirigiendo. O es que nosotros nos montamos a nuestros carros sin saber hacia dónde nos dirigimos? Al igual que en nuestra vida, nuestro pensamiento debe estar basado en una línea de pensamiento, un ideal o un rumbo a seguir.

El surgimiento de las redes sociales y su increíble crecimiento en los últimos años son un arma de gran importancia. En una época donde los medios se han visto manchados por el manejo a conveniencia de la información, donde hemos visto bloqueos mediáticos y todo tipo de movidas estratégicas para lograr este fin, las redes sociales han pasado a ser la principal fuente de información de los jóvenes, ya sea por medio de Twitter, Facebook y un sinfín de otros servicios de este tipo más. Es por estos medios donde los jóvenes están formando una idea de su rumbo, lo cual convierte a estos servicios en el principal punto de acercamiento a los jóvenes.

En este punto histórico donde las corrientes de pensamientos empiezan a cambiar, influenciadas mayormente por el marco económico y social que se percibe de otros países, es el momento idóneo para entender y asimilar nuestro papel en la sociedad.  Es necesario para esta generación empezar a darle forma a sus propios juicios, educarse desde Marx, Mises, Keynes hasta Hayek, forjar sus propios ideales y de a poco empezar una nueva “revolución intelectual”,  que cambie el país  desde nuestras aulas, desde las conversaciones con los compañeros, desde los debates en las universidades. En ese punto entenderemos que tenemos el poder de cambiar el rumbo que toma nuestro país. Esta revolución empieza con una simple conversación, con una lectura de nuestra larga historia de ideas. La verdadera revolución empieza dentro de nuestra mente, con disposición, convicción y perseverancia.

El autor es miembro del Circulo Bastiat de la Fundacion Libertad


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