Artículos

25/01/2010

Efecto del estatismo económico

Por: Francisco Ibero

Dedico este artículo a quienes me dicen que las ideas liberales son anticuadas porque nacieron en el siglo XIX. Yo pienso que las ideas deben evaluarse en sí mismas, independientemente de cuándo nacieron, o quién las formuló, o quiénes las defienden en cada momento.

En los primeros tiempos, la sociedad romana se basaba en la agricultura, con pequeños agricultores y ganaderos. Hacia el siglo II a.C. se produjo un proceso de urbanización y aparecieron grandes negocios. La inmigración aumentó por las grandes oportunidades que ofrecía la economía. Existía libertad de empresa, libre comercio, gobierno limitado y bajos impuestos.

En esa época, cada romano se consideraba responsable de obtener su propio ingreso. Posteriormente, muchos ciudadanos fueron cambiando sus ideas sobre la responsabilidad personal y pensaron que podían vivir del Estado. Uno de los primeros hitos del proceso se dio cuando Claudio concurrió a las elecciones para tribuno con la promesa de “trigo gratis para las masas” y ganó.

Cuando Julio César llegó al poder en el año 48 a.C., encontró que había 320 mil personas en el programa gubernamental de trigo gratuito. Ordenó que los beneficiarios se redujeran a 200 mil. Pero unos 50 años después, la cifra volvió a los 320 mil.

Un acontecimiento clave se dio en el año 274 d.C., cuando el emperador Aureliano convirtió el derecho a la ayuda en hereditario. Además, comenzó a distribuir pan en vez de trigo, y añadió sal, carne de cerdo y aceite de oliva.

El Gobierno se responsabilizó también por ofrecer entretenimiento a la gente. Para ello se diseñaron circos muy elaborados y duelos de gladiadores. Se estima que el gasto era de unos 100 millones de dólares anuales sólo en la ciudad de Roma.

Ya para el siglo II d.C., muchas ciudades estaban endeudadas hasta el cuello. Comenzando con el emperador Adriano, las ciudades que tenían serias dificultades financieras perdieron su autonomía y el Gobierno central las sometió al control de delegados imperiales. La autoridad local fue reemplazada progresivamente por el Gobierno central.

Estallaron guerras civiles y conflictos de todo tipo en la medida en que cada facción quería controlar el enorme aparato del Gobierno para obtener beneficios. De los 27 emperadores que hubo entre los años 180 y 285 d.C., 25 fueron asesinados.

Los altos impuestos y las regulaciones más minuciosas fueron elementos dominantes en esa época. Los negocios tenían que mantener un creciente cuerpo de parásitos públicos. Y se perdió el respeto por la propiedad privada.

Para la época del emperador Antonino Pío, entre 138 y 161 d.C., la burocracia estatal ya resultaba asfixiante. Según el historiador Trever, los agentes imperiales de impuestos aparecían por todos los rincones para espiar el mínimo intento de evasión. Y Hardy dice que el costo del ejército, la burocracia y los programas públicos exigían tal nivel de impuestos que la otrora floreciente clase media prácticamente desapareció.

El Estado se convirtió en la principal fuente de ingresos para más y más romanos. Los impuestos hicieron quebrar a muchos negocios, que fueron nacionalizados. Sectores enteros pasaron a manos del Estado. El primero fue el del transporte, sobre todo el de barcos. Por otro lado, el Gobierno intervino de lleno en la agricultura. Por ejemplo, el emperador Domiciano, para reducir la producción y aumentar el precio del vino, ordenó destruir la mitad de los viñedos.

A medida que el Gobierno se convirtió en el proveedor universal, se desarrolló el culto a los emperadores. Por ejemplo, nadie podía acercarse a Diocleciano sin arrodillarse. Los libres y orgullosos ciudadanos de los primeros tiempos jamás hubieran aceptado ese servilismo ante sus gobernantes.

Roma sufrió también a causa de la inflación. El denario, que originalmente era casi totalmente plata, fue envilecido por los sucesivos emperadores hasta que en el año 268 d.C. sólo contenía 0.02% de plata. La política de envilecimiento produjo crisis periódicas. Los precios se disparaban y los gobernantes culpaban a los comerciantes. La gente comenzó a utilizar el oro, pero el Gobierno lo prohibió bajopenas severas.

La población exigió una solución para los problemas económicos y el emperador Diocleciano respondió con su famoso edicto del año 301 d.C. El mismo estableció un detallado sistema de control de precios y salarios, impuestos bajo la pena de muerte. A pesar de que corrió mucha sangre, el edicto fracasó. Los productores no estaban dispuestos a ofrecer productos por los que no podían obtener un precio razonable.

Diocleciano ordenó también que los oficios y profesiones fueran hereditarios. Durante su mandato, el 50% de los hombres del imperio estaba en la planilla del Gobierno.

En el año 476 d.C., el bárbaro Odoacro depuso al último emperador, Rómulo Augústulo. Así terminó el imperio, que ya estaba carcomido por dentro. Los antiguos decían que la historia es maestra de la vida. La cuestión es si los alumnos somos buenos o malos.


Enviar a un amigo



Haga click aquí para enviar este enlace a un amigo!
  Bookmark and Share

ARTICULOS

Artículos recientes

En la búsqueda del amo bueno

Por: Carlos Ernesto González Ramírez