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09/07/2012

El Problema

Por: Miguel Angel Bolobosky Ferreira

Llover sobre mojado resulta ser una expresión majadera para referirse a un tema tan importante como vital (problema) del cual todos conocemos y asumimos como perjudicial, pero que nadie (la sociedad entera) se digna en resolver. Empero es la que aplica pues data del pasado siglo y lleva presente casi 109 años.

Me refiero a  la fragilidad de nuestra institucionalidad; ese atributo básico de toda república dentro de un estado de derecho. En líneas generales debe entenderse que una sociedad o  Estado tienen su institucionalidad más arraigada cuanto más eficientes sean las normativas y leyes que se aplican, y cuanto menos distorsiones se produzcan en las regulaciones y resoluciones. Así para tener un estado de derecho efectivo es necesario que el Derecho sea el principal instrumento de gobierno; que la ley sea capaz de guiar la conducta humana; que los poderes del Estado la interpreten y apliquen congruentemente y con la menor deformación posible; y es que siendo imperfectos quienes asumen tamaña responsabilidad (hombres y mujeres por igual) sería quimérico pensar en instituciones perfectas y puras; libres de polvo, paja y pecado. 

Uno de los efectos clásicos e históricos de esta fragilidad institucional, lo es la transformación que se apropia de los panameños y su especial comportamiento cuando se encuentran bajo  la tutela de Estados con instituciones eficientes y enérgicas. Ante esta extraña mutación  me pregunto ¿de dónde seremos los panameños? A pesar de que  la respuesta pareciera ser evidente por ser una verdad absoluta (los panameños somos  de un país llamado Panamá);  detrás de la pregunta subyacen algunas otras interrogantes que más  allá de las definiciones conceptuales, requieren de una profunda autocrítica. Más aun; las interpelaciones no debieran inducirnos hacia  tácitas respuestas (como la anterior).
 
Una interesante interrogante pudiera ser: ¿en igualdad de condiciones, somos los panameños menos que  los suizos, alemanes, japoneses o estadounidenses, por citar algunas nacionalidades con una enraizada institucionalidad?

Antes de responder sugiero valorar la frase “en igualdad de condiciones”. Ella implica aspectos esenciales mínimos tales como acceso a los servicios públicos básicos (abastecimiento de agua potable; alcantarillado; drenaje de aguas pluviales; electricidad, recolección de basura, gas); educación desde pre-escolar hasta la universitaria; sistema de comunicación (internet, telefonía fija y celular); tecnología elemental (computadoras); créditos bancario (préstamos, tarjetas de crédito y de débito) y en fin todos los elementos modernos comunes mayoritariamente accesibles a los panameños.  Superficialmente pareciera no haber mayores diferencias entre ellos y nosotros. Pero (siempre el bendito) una diferencia  en particular se destaca. La institucionalidad.

Aunque no nos guste y para muchos sea un lejano pasado, nuestra historia con la antigua Zona del Canal es el típico ejemplo de la metamorfosis que sufrimos los panameños ante una de las consecuencias de la institucionalidad como lo es la certeza del castigo. El castigo era correspondiente para cada falta o delito. No había compadrazgo que nos salvara. Cuando entrabas al área de los “Zonians” ibas preparado para respetar hasta el más mínimo detalle de todas las normas que en Panamá despreciabas. Así colocar la basura (incluyendo las colillas de cigarrillo) en su lugar, estacionarse únicamente en espacios habilitados, no rebasar los límites de velocidad,  no pisar la hierba, y hasta el ofensivo de no poder tumbar mangos, eran reglas más que respetadas.

El estado de derecho se rige por normas jurídicas que nadie puede ni debe trasgredir. El Estado protege nuestros bienes y su objetivo es la paz social; por lo tanto parte de sus fines son la protección de los ciudadanos y el desarrollo ordenado de la vida dentro de la comunidad.  Para Cesare Bonesana, Marqués de Beccaria “la certeza del castigo previene mejor que la gravedad de las penas escritas en la ley cuando estas quedan como letra muerta porque no se lleva a juicio a los delincuentes”.

Lo ocurrido en 1968 y posteriormente en los años 1984 con el fraude electoral,  1985 con la muerte de Hugo Spadafora y 1989 con la invasión norteamericana, fueron en parte  resultado del desasosiego institucional que se arrastra desde los mismos orígenes de la nación, y del oprobio que durante  años ha vivido la patria, con algunos momentos dignos, pero mayoritariamente inspirados por el acaparamiento del poder, tanto político como económico.    Aunque a veces pareciera que los fines del Derecho y como consecuencia los de la Institucionalidad resultan ser utópicos por la complejidad de sus propósitos, debemos recordar que la historia al igual que el Derecho y la Institucionalidad son fuerzas dinámicas y progresistas que avanzan a pesar de la resistencia de uno u otro grupo con personalísimos intereses.
“Sostengo que quien infringe una ley porque su conciencia la considera injusta, y acepta voluntariamente una pena de prisión, a fin de que se levante la conciencia social contra esa injusticia, hace gala, en realidad, de un respeto superior por el derecho” (Martin Luther King)
 
El autor es miembro de la Fundación Libertad


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